El huerto inclusivo de la Universidad de Almería representa un espacio innovador dedicado a la promoción de la salud, el bienestar y la inclusión social, especialmente mediante las actividades desarrolladas en el marco de su “Taller Inclusivo de Horticultura y Jardinería”. Además, ha sido incluido como un hito de sostenibilidad comunitaria dentro del prestigioso proyecto Metared 2026 y forma parte de la acción europea COST “BEACON”, liderada por la Universidad de Almería, y enmarcada en el enfoque One Health (Una Sola Salud).
En este contexto, resulta pertinente revisar las principales bases teóricas que explican por qué iniciativas como los huertos inclusivos y otras intervenciones basadas en los jardines/horticultura producen efectos beneficiosos sobre la salud mental y el bienestar psicológico, así como la evidencia científica disponible acerca de su efectividad.
Beneficios del contacto con la naturaleza.
La literatura científica ha documentado ampliamente los efectos favorables del contacto con la naturaleza sobre la salud y el bienestar. Estos beneficios se han descrito tanto en personas con distintas condiciones clínicas, como demencia, depresión o cáncer, como en la población general. Además, estos efectos positivos suelen observarse especialmente en colectivos vulnerables, entre ellos, niños, mujeres embarazadas, personas mayores y las poblaciones con mayor vulnerabilidad socioeconómica (Moeller et al., 2018).
Estos hallazgos adquieren especial relevancia en el contexto actual, marcado por un crecimiento progresivo de la urbanización y por la reducción del contacto cotidiano con los espacios naturales. Los paisajes modernos de la vida, como las áreas urbanas, ofrecen beneficios esenciales para la salud, como oportunidades de empleo, acceso a la educación, así como oportunidades culturales y servicios gubernamentales. Sin embargo, ciertos aspectos de la vida urbana se asocian con efectos negativos sobre la salud mental, como la limitada interacción con la naturaleza o los altos niveles de estimulación sensorial, como ruido, multitudes densas y movimiento constante, que capturan la atención de manera intensa. El simple hecho de desplazarse por estos lugares suele requerir que las personas ejerzan una atención dirigida, lo que puede conducir a fatiga mental. En contraste, los paisajes naturales suelen contener estímulos que resultan suavemente atractivos en lugar de abrumadores (Heinen-Stach et al., 2026).
La hipótesis de la biofilia, formulada por Wilson (1984), plantea que los seres humanos cuentan con una tendencia de origen evolutivo a vincularse con la naturaleza y con otras formas de vida. Esta idea fue posteriormente desarrollada por Kellert y Wilson (1995), quienes sostuvieron que el contacto prolongado con los parajes naturales a lo largo de la historia evolutiva propició el surgimiento de adaptaciones de tipo biológico, cognitivo y emocional, capaces de explicar por qué el contacto con la naturaleza resulta beneficioso para la salud y el bienestar. A partir de este planteamiento, se ha sugerido que el alejamiento progresivo de los espacios naturales derivado de la urbanización podría constituir uno de los factores implicados, al menos en parte, en el incremento de los problemas de salud mental observado en las últimas décadas.
Por su parte, la Teoría de Reducción del Estrés (SRT) sostiene que la recuperación psicológica que experimentamos ante la naturaleza responde principalmente a mecanismos de tipo emocional y fisiológico, más que cognitivo. Desde un enfoque psicoevolutivo, plantea que la especie humana desarrolló una respuesta afectiva favorable hacia paisajes con presencia de vegetación y agua, dado que este tipo de entornos proporcionaban, a lo largo de la evolución, seguridad y recursos indispensables para la supervivencia. Como consecuencia, el contacto con la naturaleza produciría una rápida disminución de la activación fisiológica vinculada al estrés, reflejada en indicadores como el descenso del ritmo cardíaco, la tensión muscular o los niveles de cortisol (Ulrich, 1983; Ulrich et al., 1991).
Frente a ello, la Teoría de Restauración de la Atención (ART), desarrollada por Kaplan y Kaplan (1989), propone que las exigencias de concentración propias de la vida cotidiana provocan lo que denominan «fatiga de atención dirigida», cuyas manifestaciones incluyen irritabilidad y dificultad para mantener el foco atencional. Según esta teoría, los espacios naturales contribuirían a revertir dicho estado al propiciar la aparición de la «fascinación suave», un tipo de atención espontánea que no requiere esfuerzo consciente.
De este modo, mientras que la ART se centra en explicar cómo la naturaleza permite recuperar una capacidad atencional desgastada, la SRT ofrece una perspectiva complementaria orientada al alivio emocional inmediato y a la restauración afectiva.
Asimismo, Franco et al. (2017) realizaron una revisión narrativa centrada en las vías sensoriales y no sensoriales menos estudiadas a través de las cuales la naturaleza puede generar beneficios, en contraste con el predominio habitual del sentido de la vista en la literatura. Los autores describieron evidencia que muestra que la contemplación de entornos naturales —ya sea mediante imágenes o a través de vistas desde una ventana— puede mejorar la salud y el estado de ánimo. Pero también los sonidos naturales, como el canto de los pájaros, favorecen la restauración psicológica y promueven emociones positivas; los olores procedentes de la naturaleza aportan beneficios físicos y psicológicos; el gusto influye en las emociones, y las dietas tradicionales basadas en alimentos naturales se asocian con mejoras en la salud. Del mismo modo, el contacto físico con animales puede tener efectos terapéuticos; los fitoncidas pueden ejercer influencias positivas sobre el sistema inmunitario; los iones negativos del aire contribuyen al bienestar físico y mental; y existe una interacción bidireccional entre la microbiota intestinal y el cerebro. En conjunto, los autores concluyen que comprender los beneficios de intervenciones como la terapia hortícola requiere ir más allá de los mecanismos propuestos por la “Attention Restoration Theory (ART)” o la “Stress Reduction Theory (SRT)”, incorporando también estas vías sensoriales alternativas.
De esta manera, frente a las intervenciones farmacológicas tradicionales, ha aumentado el interés por las terapias de carácter natural, debido a que suelen considerarse menos invasivas y más coste-efectivas. Entre ellas se incluyen la meditación, la promoción de estilos de vida saludables —como la práctica de actividad física—, las actividades comunitarias y las intervenciones que fomentan el contacto con el medio natural (Nejalde et al., 2022).
- Concepto de “One Health”.
“One Health” es un enfoque integrado e interdisciplinar que busca optimizar de forma sostenible la salud de las personas, los animales y los ecosistemas, reconociendo la estrecha interdependencia entre ellos. Basado en la colaboración entre diferentes sectores y disciplinas, este enfoque facilita la prevención, detección y control de problemas de salud como las enfermedades infecciosas, la resistencia a los antimicrobianos y la seguridad alimentaria, al tiempo que promueve la conservación de los ecosistemas. Además, puede aplicarse desde el ámbito comunitario hasta el global y se fundamenta en un tipo de gobierno, comunicación y coordinación eficaces para desarrollar soluciones equitativas e integrales frente a los desafíos sanitarios y ambientales (WHO, 2026).
Así, One Health ha evolucionado desde un enfoque centrado únicamente en las zoonosis (enfermedades infecciosas que se transmiten de forma natural desde los animales a las personas) hacia un paradigma mucho más amplio, donde la salud humana depende del buen funcionamiento de los ecosistemas y de la biodiversidad (Destoumieux-Garzón et al., 2018).
Tradicionalmente, los beneficios del contacto con la naturaleza se han justificado mediante las teorías psicológicas que se han expuesto anteriormente. Sin embargo, el paradigma One Health permitiría ampliar esta perspectiva al considerar que interactuar con la naturaleza no solo mejora la salud mental de las personas, sino que también puede favorecer la conservación de los ecosistemas, la biodiversidad y el bienestar de las comunidades, generando beneficios simultáneamente tanto para la salud humana como la ambiental, alineándose con un enfoque global y sostenible de la salud.
- Intervenciones basadas en la naturaleza.
Las intervenciones basadas en la naturaleza (conocidas por su nombre en inglés: “nature-based interventions”, o sus siglas correspondientes: “NBIs”) incluyen actividades diseñadas para mejorar la salud y el bienestar mediante la exposición a espacios naturales. Entre ellas, la terapia hortícola ha mostrado beneficios en el bienestar general y en el estado de ánimo y rendimiento de personas con afecciones de salud mental (Taylor et al., 2022).
Kaleta et al. (2025), que realizaron una revisión de revisiones para clasificar este tipo de intervenciones, también expresaron que entre las modalidades más frecuentes se encuentran la “horticultura terapéutica”, la cual está centrada en actividades de jardinería y cuidado de plantas. Asimismo, mencionan la “exposición a la naturaleza”, que implica un contacto pasivo con áreas verdes o su simulación; el “ejercicio en la naturaleza”, basado en la práctica de actividad física en espacios verdes; y “la terapia de aventura o wilderness therapy”, que combina actividades al aire libre de mayor duración e intensidad. Otras intervenciones incluyen el “baño de bosque (shinrin-yoku)” y la “terapia forestal”; las intervenciones en espacios azules (como el mar, ríos o lagos), la “agricultura terapéutica (care farming)”, el juego y la educación en la naturaleza, el “voluntariado ambiental”, las “experiencias inmersivas en la naturaleza” y las prácticas tradicionales como “Caring for Country”. Aunque difieren en sus características y objetivos específicos, todas estas intervenciones comparten el propósito de mejorar la salud y el bienestar mediante la interacción con el medio natural.
Estas intervenciones parecen ejercer sus efectos a través de múltiples mecanismos que actúan de forma complementaria. Entre los mecanismos psicológicos se incluyen la reducción del estrés, la mejora de la regulación emocional, la restauración de la atención, el incremento de la actividad física y el fomento de las relaciones sociales. Además, estas intervenciones favorecen el desarrollo de una conexión psicológica con la naturaleza, que va más allá del simple contacto con el espacio natural e implica sentimientos de pertenencia, significado, identidad y vínculo emocional. En conjunto, estos procesos son coherentes con los modelos de recuperación en salud mental, al promover la autonomía, la conexión con los demás, la esperanza, la construcción de la identidad y una mejor calidad de vida (Giammanco et al., 2026).
- Intervenciones basadas específicamente en jardines y/o horticultura.
La palabra “horticultura” proviene de dos términos latinos (hortus [jardín] + cultura [cultivo]) y se define como “el arte y la ciencia de cultivar frutas, verduras, hierbas, frutos secos y plantas ornamentales (árboles, arbustos, plantas con flores y césped)”. El uso del término horticultura se documentó por primera vez en la Europa de la Edad Media y se diferencia de la agricultura debido a sus actividades específicas y a su escala operativa más reducida (Tiwari & Nigam, 2019).
La American Horticultural Therapy Association (AHTA) distingue entre los siguientes conceptos (AHTA, 2026):
- “Horticultural therapy (HT)” o Terapia Hortícola: consiste en la participación en actividades hortícolas facilitadas por un terapeuta hortícola acreditado, con el fin de alcanzar objetivos específicos dentro de un plan establecido de tratamiento, rehabilitación o inserción laboral. La terapia hortícola es un proceso activo que tiene lugar en el contexto de un plan terapéutico definido, donde el propio proceso se considera la actividad terapéutica, más que el producto final obtenido.
- “Therapeutic horticulture (TH)” u Horticultura Terapéutica: consiste en la participación en actividades hortícolas facilitadas por un terapeuta hortícola acreditado u otros profesionales formados en el uso de la horticultura como modalidad terapéutica para apoyar los objetivos del programa. La horticultura terapéutica es el proceso mediante el cual los participantes mejoran su bienestar a través de la participación activa o pasiva en actividades relacionadas con las plantas.
Asimismo, en la actualidad, el jardín terapéutico se entiende como un espacio diseñado para promover el bienestar físico, psicológico, cognitivo y social a través de la interacción activa o pasiva con la naturaleza. Dado que no existe una definición única que determine sus características o su finalidad, estos jardines pueden adaptarse a distintos tipos de actividades y a las necesidades de diversos colectivos. Además, suelen emplearse como complemento de otras intervenciones en contextos sanitarios (Sillmann et al., 2024).
De esta manera, los términos “terapia hortícola (HT)” y “horticultura terapéutica (TH)” se refieren a procesos de intervención que implican distintos niveles de estructura clínica, mientras que el jardín terapéutico alude principalmente al entorno físico donde esas intervenciones —junto con otras formas de contacto con la naturaleza— pueden desarrollarse.
Otro concepto importante son los jardines comunitarios: se trata de espacios verdes gestionados por la propia comunidad destinados principalmente al cultivo de alimentos, especialmente en paisajes urbanos. Además de facilitar el acceso a alimentos frescos, favorecen la creación de redes sociales, contribuyen a la seguridad alimentaria y promueven la sostenibilidad ambiental. Aunque son especialmente comunes en países desarrollados, también son populares en numerosos países en desarrollo (Raneng et al., 2023).
De todos modos, las estrategias terapéuticas que utilizan plantas y actividades hortícolas como herramientas terapéuticas en cualquier jardín pueden denominarse tanto terapia hortícola u horticultura terapéutica, dado que ambos términos suelen emplearse indistintamente (González y Kirkevold, 2013). Esta ambigüedad terminológica es normal en una disciplina que aún es relativamente joven.
- Beneficios de las intervenciones basadas en jardines/horticultura (resultados de algunos estudios significativos).
La investigación desarrollada en los últimos años ha dado lugar a un creciente número de estudios y revisiones que han evaluado los efectos y beneficios de las intervenciones basadas en jardines y horticultura. A continuación, se destacan algunas de las publicaciones más relevantes:
- Panțiru et al. (2024) llevaron a cabo una revisión con metaanálisis para sintetizar los hallazgos de revisiones previas sobre los efectos de la jardinería y la terapia hortícola en el bienestar, la salud mental y la calidad de vida. Su trabajo incluyó 40 revisiones (10 basadas en estudios de intervención, 2 fueron observacionales y 28 mixtos). En conjunto, la evidencia revisada mostró efectos positivos de las actividades de jardinería sobre diversas medidas de bienestar, salud mental y calidad de vida. Concretamente, el metaanálisis confirmó un efecto significativo de la jardinería y la terapia hortícola sobre el bienestar (ES = 0,55; IC 95 %: 0,23–0,87; p < 0,001). No obstante, los autores advierten que la alta heterogeneidad entre los estudios obliga a interpretar los resultados con cautela y señalan que, en futuras revisiones, los metaanálisis basados exclusivamente en ensayos clínicos aleatorizados proporcionarían la evidencia más sólida sobre la efectividad de la jardinería.
- Wang y Boros (2025) realizaron otra revisión sistemática con metaanálisis para evaluar cómo la jardinería y la terapia hortícola influyen en la salud mental, física y general de adultos con enfermedades crónicas. A partir de 23 estudios (13 RCTs y 10 cuasiexperimentales), observaron un efecto pequeño a moderado en salud mental, que inicialmente no fue significativo, pero sí lo fue tras excluir los estudios de menor calidad (DME = –0.82; IC 95 %: –1.51, –0.13). En cambio, los efectos sobre la salud física y general fueron reducidos y poco concluyentes, con alta heterogeneidad entre estudios. Los autores destacan que el sesgo de selección, debido a la falta de asignación aleatoria rigurosa en muchos ensayos, limita la validez de los resultados, y concluyen que se necesita investigación más robusta para determinar qué tipo, intensidad y duración de actividad hortícola resulta más beneficiosa.
- Otro metaanálisis centrado exclusivamente en ensayos clínicos aleatorizados examinó el efecto de la terapia hortícola sobre la salud mental (Tu, 2022). Se analizaron 18 ECA que cumplían los criterios de inclusión. Los resultados mostraron que los grupos que recibieron terapia hortícola presentaron una mejora significativa y positiva en la salud mental frente a los grupos control, con un tamaño del efecto moderado (Hedges’ g = 0,55; IC 95% = 0,38-0,72; p < 0,001). Las intervenciones más frecuentes incluyeron actividades con plantas en el interior y en el exterior, así como manualidades relacionadas con plantas, aplicadas durante un mínimo de ocho sesiones. El autor concluye que la terapia hortícola debería considerarse una opción terapéutica útil para integrar en entornos sanitarios y comunitarios, si bien señala que la calidad metodológica de los estudios fue solo moderada.
- En otra revisión sistemática, Briggs et al. (2023) analizaron la efectividad de las intervenciones grupales de jardinería para mejorar el bienestar y disminuir los síntomas asociados a la mala salud mental en población adulta residente en la comunidad, y para ello incluyeron exclusivamente ensayos clínicos aleatorizados. Tras identificar 24 estudios, los autores observaron que estas intervenciones podrían favorecer el bienestar y contribuir a la reducción de los síntomas depresivos. No obstante, señalaron que la evidencia disponible presenta un elevado grado de incertidumbre debido a la heterogeneidad metodológica entre los estudios y al riesgo de sesgo poco claro detectado en gran parte de ellos. Además, los resultados obtenidos para el resto de las variables analizadas fueron inconsistentes.
En conjunto, la evidencia científica disponible sugiere que las intervenciones basadas en jardines y horticultura ejercen un efecto beneficioso sobre el bienestar y la salud mental. No obstante, aunque los resultados son prometedores, persisten importantes limitaciones metodológicas, como la elevada heterogeneidad entre las intervenciones, la diversidad de poblaciones estudiadas y la calidad variable de los ensayos, lo que dificulta extraer conclusiones definitivas sobre su efectividad y sobre las características óptimas de los programas. En este sentido, existe un amplio consenso en la necesidad de desarrollar ensayos clínicos aleatorizados con muestras más amplias, protocolos de intervención estandarizados y seguimientos a largo plazo que permitan fortalecer la evidencia disponible. A pesar de estas limitaciones, los hallazgos respaldan el potencial de la terapia hortícola y de las intervenciones basadas en jardines.
- Proyectos de investigación.
Existen ciertas líneas de investigación activas y con gran proyección futura en este campo:
- Poblaciones nuevas o poco estudiadas: adolescentes, estudiantes universitarios, personas con psicosis, supervivientes de cáncer, etc.
- Hibridación con tecnología (intervenciones «tech-enhanced» a distancia/domiciliarias).
- Desarrollo de marcos teóricos propios para el campo (todavía existe una escasa consolidación teórica respecto a los mecanismos mediante los cuales produce sus beneficios).
- Evaluación de la implementación y la sostenibilidad (la investigación comienza a interesarse no solo por determinar si las intervenciones funcionan, sino también por conocer cómo implementarlas de forma eficaz).
- Estudios de mayor calidad metodológica (las revisiones sistemáticas continúan señalando la necesidad de aumentar la calidad metodológica mediante ensayos clínicos aleatorizados con muestras más amplias, seguimiento a medio y largo plazo, grupos control adecuados, etc.).
Además, presentamos a modo de ejemplo algunos estudios o proyectos de investigación ya registrados que muestran directamente hacia dónde se dirige el campo en el presente:
- NCT07115381 — Protocolo de ECA sobre horticultura terapéutica para reducir la autolesión no suicida en adolescentes con trastorno depresivo mayor, registrado en agosto de 2025.
Referencia: Huang, L., Hong, T., Liang, S., Huang, Z., Liang, Y., Shen, L., & Xia, Z. (2026). The effect of therapeutic horticulture on non-suicidal self-injury in adolescents with major depressive disorder: protocol for a randomized controlled trial. Frontiers in Psychiatry, 17, 1790759. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2026.1790759
https://doi.org/10.3389/fpsyt.2026.1790759
- NCT05577975 — Estudio piloto de métodos mixtos publicado en 2025 sobre una intervención hortícola diádica y potenciada con tecnología (combina terapia hortícola presencial con herramientas digitales), dirigida simultáneamente a personas con demencia y a sus cuidadores familiares.
Referencia: Kor, P. P. K., Liu, J. Y. W., Wong, A. K. C., Tsang, A. P. L., Tan, H. Z., Cheung, D. S. K., Leung, H. K. W., & Wong, F. K. Y. (2025). Effectiveness of a Dyadic Technology–Enhanced Home-Based horticultural therapy on Psychosocial Well-Being among people with Dementia and their family caregivers: Multimethods Pilot study. JMIR Aging, 8, e66017. https://doi.org/10.2196/66017
- NCT07565896 – Estudio de viabilidad diseñado para evaluar la aceptación y el potencial beneficio de un programa presencial de seis semanas basado en jardinería terapéutica y educación nutricional dirigido a supervivientes de cáncer. La intervención combina actividades prácticas de jardinería, educación alimentaria, demostraciones culinarias, ejercicios de atención plena y actividad física ligera con el objetivo de mejorar la calidad de vida, reducir el estrés, fortalecer el sentido de pertenencia y promover hábitos de vida saludables.
Referencia: University of Vermont Medical Center. (2026). Gardening for Health for Cancer Survivors (G4H-CS). ClinicalTrials.gov. https://clinicaltrials.gov/study/NCT07565896
- Apunte final.
Para terminar, consideramos oportuno incorporar un breve fragmento del inicio del libro “Nature and the Mind: The Science of How Nature Improves Brain, Body and Community (2025)”, del Dr. Marc Berman, profesor de Psicología en la Universidad de Chicago y fundador del campo emergente de la neurociencia ambiental. A lo largo de la obra, el autor sintetiza décadas de investigación sobre la influencia de la naturaleza en la salud cognitiva, física y social, defendiendo que el contacto con los entornos naturales constituye un recurso esencial para el bienestar humano:
«Porque resulta que la manera en que la naturaleza interactúa con nuestro cerebro y nuestro cuerpo mejora nuestra cognición, nos ayuda a procesar el duelo y a manejar la depresión y la ansiedad y, quizá de forma más profunda, puede ofrecer esperanza a los millones de personas que luchan con la atención y la concentración en el mundo acelerado de hoy, ya que la naturaleza tiene un poder único para restaurar nuestra capacidad de enfocarnos (…). No necesitamos tirar nuestros teléfonos inteligentes, vender nuestras casas ni desaparecer en el bosque. Basta con un paseo breve, una planta bien colocada en casa o escuchar durante unos minutos el canto de los pájaros para generar efectos profundos en nuestra salud y bienestar. Y, de nuevo, ni siquiera es necesario que te guste la naturaleza: solo necesitas permitirle entrar en tu vida» (Berman, 2025, p.15).
Referencias
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Berman, M. (2025). Nature and the Mind: The Science of How Nature Improves Cognitive, Physical, and Social Well-Being. S&S/Simon Element.
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Destoumieux-Garzón, D., Mavingui, P., Boetsch, G., Boissier, J., Darriet, F., Duboz, P., Fritsch, C., Giraudoux, P., Le Roux, F.., Morand, S., Paillard, C., Pontier, D., Sueur, C., & Voituron, Y. (2018). The One Health Concept: 10 Years Old and a Long Road Ahead. Frontiers In Veterinary Science, 5, 14. https://doi.org/10.3389/fvets.2018.00014
Franco, L. S., Shanahan, D. F., & Fuller, R. A. (2017). A Review of the Benefits of Nature Experiences: More Than Meets the Eye. International Journal of Environmental Research and Public Health, 14(8), 864. https://doi.org/10.3390/ijerph14080864
Giammanco, A., Lawrence, E. G., Madigan, A., Basta, K., Tripoli, G., O’Neill, A., Moses, N., Farstad, H., Coventry, P., & Zahid, U. (2026). Nature-Based Interventions for Individuals with Psychiatric Disorders: A Mixed Methods Systematic Review with Random-Effects Meta-Analysis of Mental Health and Functional Outcomes. Behavioral Sciences, 16(6), 974. https://doi.org/10.3390/bs16060974
Heinen-Stach, D., Herbold, E., Hendricks, C. L., Zuch, N., Rapp, M. A., Birtel, M. D., & Tschorn, M. (2026). The effectiveness of nature-based interventions on mental health: A systematic review. Applied psychology. Health and well-being, 18(4), e70164. https://doi.org/10.1111/aphw.70164
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